La producción de plástico es hoy en día una de las industrias más importantes.
Con productos que van de los móviles a los parachoques de coches, pasando por las jeringuillas, la producción de plásticos no para de crecer.
El caucho es un material que puede obtenerse o por la transformación del látex secretado de forma natural por algunos vegetales (por ejemplo, la hevea), o de forma sintética. Los cauchos se utilizan también en numerosas aplicaciones industriales y diarias (guantes de limpieza, preservativos, tapones, gomas, automóvil, construcción, electrodomésticos, etc.)
La materia plástica se compone de polímero bruto (resina básica) al cual se añaden cargas, plastificantes y aditivos. La resina básica permite aportar cohesión al material. Las cargas permiten mejorar algunas de las propiedades específicas de la resina.
A continuación encontrarán algunos ejemplos de cargas: carbonato de calcio, sílices naturales o sintéticas, negro de carbón, grafito, etc.
Los plastificantes harán que el compuesto obtenido sea más flexible gracias a ftalatos, adipatos, fosfatos, poliésteres, etc.
Los aditivos incrementan de forma notable una propiedad específica y se incorporan en pequeñas proporciones. Suelen ser endurecedores, catalizadores, estabilizantes que pueden contener fenol o aminas, agentes inflantes, lubrificantes, colorantes, fungicidas, bactericidas y solventes.
Los plásticos fabricados más comunes son: polietileno (PE), Policloruro de vinilo (PVC), Poliestireno (PS), politetrafluoroetileno (PTFE o Téflon®).
En estos tres procesos, ningún producto químico se utiliza durante las operaciones, pero requieren diferentes grasas y aceites para garantizar su buen funcionamiento. Durante las operaciones de mantenimiento, los operarios pueden entrar en contacto con estos productos.
Una vez recogido el látex, se estabiliza con amoniaco y se concentra para disminuir su cantidad de agua o se coagula de manera más o menos controlada. Por último se seca con el fin de obtener balas de caucho.
